Me escapaba de entre tus manos. Como una jarra de agua sin recipiente, era incapaz de encontrarme quieto entre tus dedos. Y me resbalaba.
Me resbalaba al notar tus caricias en mi piel. Tu forma de recorrer mi cuerpo. Tu susurro en mis oidos que me querían hacer temblar.
Y temblaba en tu cama. Mientras hacíamos el amor era capaz de sentir el universo allá arriba, empequeñeciendo todo el resto.
Me empequeñecía pensando que aquello no volvería nunca, porque veia el final. Y quería acurrucarme a tu cuerpo, a tu pecho, a tu sexo.
Me acurrucaba. Para sentir el calor que me dabas.
Me calentaba. Y sentía tus ondas en la almohada.
Me ondulabas. Y yo no hacía otra cosa: me escapaba.
Me escapaba.
3 de marzo de 2006
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