Felipe tenía hambre a todas horas, hambre de hambre y hambre de hombre.
Él había tenido un cambio significativo en los últimos años; había cambiado de animal. Empezó siendo una mariquita y ahora era un oso.
Un oso si, pero un oso amoroso. No de esos que solo piensan en el sexo y en el morbo, no no, él también pensaba en dildos y en drogas, es decir, un oso completoso.
Los fines de semana Felipe salía de marcha por chueca, a los mejores antros de la ciudad, para calmar sus ansias. Normalmente los sitios que frecuentaba le bastaban para suplir su profunda necesidad de atornillar su nabo en el agujero de otro amorOso, pero a veces necesitaba acabar metido en una orgía gloriOsa y asi relajarse por un par de día.
La única mujer que le tocó en su vida fue su madre, con la que convivía hasta hace 2 años, en que la mujer se secó.
Se secó esperando que Felipe acabara casándose con la vecina del tercero c, la pobre, si supiera que las almejas le daban ronchas a su hijo...
Felipe sin embargo se consideraba vegetariano en el sexo, el sólo comía zanahorias, nabos y de vez en cuando un buen calabacín, nada de grasas oye.
Había estado trabajando de repartidor de butano, pero ya con el peso que había adquirido en los últimos tres años ya no podía con las botellas, y había pasado a trabajar en una empresa de reparto de ruedas a talleres.
Al llegar a su primer trabajo le abrió la puerta una mujer madura con los pezones dolorosamente duros.
Mariana, la pobre.
Felipe pensó puaj
Mariana pensó este es mi macho.
Y bueno, macho, macho, machomenos.
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1 comentario:
Ainss esto si que es un machooo, y no los pesaos de los metrosexuales que se depilan, que se quitan lo mejor como los cocineros pijos quitan el unte del plato.
Besotes desde Muskiz.
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